Unos 330 millones de ciudadanos lo utilizan desde el 1 de enero de 2001. El euro sigue de pie.
El 25 de diciembre de 1991 moría la URSS. Vladimir Putin busca ahora fundar una nueva versión “light”.
La violencia religiosa no da tregua en el país más poblado de África y causó más de 500 muertes en 2011.
Por Silvia Perazzo
Presidente de ANU AR, profesora de historia, docente e investigadora
La primavera árabe asomó a principios del 2011 augurando nuevos aires de democratización para el mundo árabe.
Túnez, Egipto, Libia, Argelia, Marruecos, Siria, Yemen, Bahrein y hasta Burkina Faso y Malí, presenciaron multitudes de voces opositoras que utilizando las redes sociales para convocarse, pedían la apertura de regímenes anquilosados durante décadas en el poder. Más allá del impacto inicial y del optimismo con que los analistas occidentales analizaron el fenómeno, pocos pasos se dieron efectivamente en dirección a la democracia. Elecciones en Túnez, dudosos comicios en Egipto, tibias reformas en Marruecos, gobierno de coalición en Yemen y una violenta represión en Siria que al día de hoy ya cuenta con más de 5000 muertos, han sido los resultados más tangibles de las protestas. Por ahora, no hay signos más alentadores de democratización.
Las protestas en Libia y la represión gubernamental merecieron la intervención internacional. La ambigua resolución 1973 del Consejo de Seguridad permitió a la OTAN efectuar bombardeos al territorio libio para forzar la renuncia de Kadafi y suministrar apoyo logístico y armamento a los rebeldes, incluyendo la información necesaria para la captura y posterior asesinato del presidente. Enmascarada como una intervención humanitaria, la operación en Libia contó entre sus mentores y ejecutantes a algunos estados que se habían opuesto activamente a la invasión norteamericana en Irak, los que en esta ocasión utilizaron argumentos similares a los que Bush y Colin Powell habían esgrimido allá por el 2003. Una posible vía de escape a la crisis europea a partir de la reconstrucción del país se avizora como una buena explicación para la “invasión” a Libia, sobre todo cuando se considera que escenarios similares o inclusive peores merecieron otra valoración por parte de la comunidad internacional. Los derechos humanos en Siria no tuvieron el mismo peso que las violaciones a esos mismos derechos en Libia.
Paralelamente, otra intervención humanitaria se dio en el continente africano, aunque pasó totalmente inadvertida para muchos analistas internacionales: la de Cote d´Ivoire. También efectuada por Francia para reafirmar su liderazgo en África Occidental y seguir garantizando le pre-carré, la intervención logró destituir al ex presidente Gbagbo, quien se negaba a dejar el poder a Outtara, su vencedor en la elecciones.
El 2011 fue también el año de los tiranicidios. Bin Laden y Kadafi fueron eliminados saltando todas las reglas del derecho internacional precisamente por aquellos que más lo pregonan. No se trata transformar en mártires a quienes no se cansaron de perpetrar crímenes de lesa humanidad; se trata de juzgarlos en los tribunales internacionales creados para tal fin. Tal como se hizo con Ratko Mladic – apresado este año – Karadjick y Milosevic en su momento.
Precisamente los “estados civilizados” pretenden diferenciarse de los “canallas” o “ réprobos” por la ejecución de la ley. “Pregonar para los otros” y “no hacer” ha sido una característica distintiva de Occidente; esto es lo que ha hecho afirmar a más de un analista que a los criminales de guerra europeos se los juzga y a los islámicos o africanos se los ejecuta.
La crisis económica occidental fue también un tema predominante durante el 2011. Las diarias caídas de las bolsas de valores, la crisis del euro, los despidos masivos, déficits, peligros de default, rescates a bancos y empresas, quiebras y convocatorias dieron trabajo como nunca a las consultoras y calificadoras transformándolas – ya lo eran por cierto – en actores que determinan medidas e inversiones. La otra cara de la moneda, los afectados por la crisis y la falta de oportunidades, salieron a la calle protagonizando uno de los fenómenos más característicos del 2011: los Indignados.
Desde España hasta Wall Street cientos de jóvenes afectados por la crisis exigieron la participación activa del estado y medidas concretas para paliar la situación. Quizás sea necesario redefinir el sistema capitalista – especialmente en su aspecto financiero – para evitar que las crisis liberales sean cada vez más periódicas y cada vez más terminales. Sin embargo, las salidas se han buscado recurriendo a la ortodoxia económica, implementando ajustes estructurales o girando a la derecha cuando de elecciones se trata. Quizás esto demuestre la falta de liderazgos fuertes capaces de usar la creatividad y el conocimiento en vez de recurrir a recetas que ya han fracasado veinte años atrás. Y esto más allá de los intentos de Merkel de “conducir” el ritmo económico de Europa.
Frente a la crisis, se agigantó la economía de China, quien continuó a marcha forzada con sus inversiones en África y América Latina y comprando deuda norteamericana a destajo de la crisis. Mientras, algunos estados emergentes – léase Brasil – se ofrecieron para colaborar con aquellos estados que necesitaran fondos para paliar la crisis.
El 2011 tampoco fue fácil para Rusia. El país más extenso del mundo ha visto las calles llenas de manifestantes protestando por el fraude en las elecciones de diciembre, algo impensado solo unos años atrás. Hoy en día el otrora poder incontrastable de Putin, hombre fuerte de Rusia durante los últimos doce años, ya tiene quien lo desafíe.
Probablemente logre nuevamente el poder en marzo, pero lidiará con una sociedad civil más decidida a hacer valer sus derechos.
Obama pareciera haber decepcionado a propios y ajenos por sus políticas erráticas que han demostrado un flojo manejo de la crisis y falta de carisma para encarar el liderazgo internacional, más allá de la retirada de Irak, las tensiones con Irán por su programa nuclear y la muerte de Bin Laden.
En África, no solo el Magreb fue noticia durante el 2011. El continente vio el surgimiento de Sudán del Sur luego del referendum de febrero donde el 98 % de los sudaneses del sur votaron a favor de la secesión y poco después se transformaron en el miembro 193 de las Naciones Unidas, sin dejar de realizar anteriormente la afiliación a la FIFA. El cuerno del Continente Negro sufrió una de las peores sequías de toda su historia lo que desató una crisis humanitaria sin precedentes que en la actualidad afecta a más de 7 millones de personas.
En Nigeria, el grupo fundamentalista islámico Boko Haram ensangrentó el país con sus atentados que incluyeron desde el ataque a la sede de las Naciones Unidas en Abuja hasta la masacre de fieles cristianos en la última Navidad.
Cincuenta años después de su independencia, el país no puede superar las divisiones internas de una población a quien su potencia colonial impuso límites arbitrarios obligándolos a convivir.
La reelección de Ban Ki Moon como Secretario General de la ONU, fue una clara muestra de que en los tiempos que corren la comunidad internacional prefiere unas Naciones Unidas que mantengan el status quo más que una organización internacional vigorosa que pueda implementar la paz y la seguridad internacionales y hacer valer la seguridad colectiva, el respeto por los asuntos internos de los estados, la solución pacífica de controversias, la autodeterminación de los pueblos y los derechos humanos. La falta de resolución del actual conflicto de República Democrática del Congo, de la crisis que vive el pueblo saharahui y del bloqueo de Gaza son solo una muestra de ello.
Quien desafió el status quo fue la Autoridad Nacional Palestina al solicitar el status de miembro pleno en la Asamblea General y obtener este reconocimiento en la UNESCO.
Para la Argentina fue el año de las cenizas y de la reelección de Cristina Fernandez como presidente. También el año del anuncio de recortes, futuros ajustes, el final gradual de los subsidios, en suma austeridad.
El 2011 tampoco se registró avances en la implementación de políticas medioambientales a nivel global. Sin embargo el planeta continuó con su “ola de alertas” como el tsunami de Fukushima, el nuevo terremoto de Chile o las inundaciones de Filipinas.
Crisis, conflictos, excluidos, protestas masivas, redes sociales como promotoras de movilizaciones y de filtración de información… mucha tela para cortar y todos temas a considerar para los hombres de estado del 2012.